Salud

Cubrebocas, lavado de manos y distanciamiento social necesarios aún después de la vacuna: UNAM

Escrito por De la web

El dominio cienciorama de la UNAM público un escrito de Laura Díaz Alvarez en el que destaca lo siguiente: con el reciente inicio de las campañas de vacunación contra la COVID-19 en varios países ha surgido la duda de si una vez recibida la o las dosis necesarias ya podemos dejar de lado el cubrebocas, el uso de desinfectantes tópicos o domésticos y el distanciamiento social, la respuesta es un rotundo ¡NO!

El 22 de julio de 2020 comenzó en 12 centros en Bélgica y Estados Unidos, ENSEMBLE, el ensayo clínico combinado de las fases 1 y 2 de esta formulación. En él poco más de 800 personas de 18 años en adelante dieron su consentimiento para recibir diferentes regímenes de vacunación, incluyendo placebo en algunos casos. Los efectos adversos fueron en su mayoría leves: fatiga, y dolores de cabeza y cuerpo (65-84 % de los participantes) sin que hubiese deserción del estudio por estas causas. Luego de 29 días de recibir la última inyección, más del 96 % de los participantes experimentaron seroconversión, es decir, desarrollaron anticuerpos capaces de reconocer a la proteína Spike que se encuentra en la superficie del SARS-CoV-2. Al menos el 88 % de los voluntarios habían desarrollado para ese momento anticuerpos neutralizantes, es decir, aquellos que pueden interferir con la capacidad de infección del virus en ensayos de laboratorio.
El 29 de enero de 2021 Johnson&Johnson publicó el comunicado de prensa sobre la fase 3 del su ensayo clínico ENSEMBLE, que incluyó a más de 43 mil personas voluntarias de diferentes etnicidades (blanca/caucásica, latina, afroamericana, etc). 45 % de las cuales eran mujeres y 55 %, hombres. El 41 % de los participantes padecía una o más comorbilidades (principalmente obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y VIH).
Los principales resultados al día 28 después de la vacunación son los siguientes:
1) La vacuna ofrece una protección del 100 % en contra de las defunciones. Es decir, ninguna persona a la que se le aplicó la vacuna murió por COVID-19.
2) Si se toman en cuenta no sólo las muertes sino el desarrollo de una enfermedad grave, que incluye admisión a una unidad de cuidados intensivos, falla respiratoria, choque (deficiencia de flujo sanguíneo) y/o falla orgánica, entre otros, el porcentaje de protección es 85 %. Esto significa que si bien ninguna persona a la que se le aplicó la vacuna murió, 15 % sí enfermaron gravemente de COVID-19.
3) Si al punto anterior se añade el desarrollo de enfermedad moderada, es decir, aquella en la que hay evidencia de neumonía, dificultad respiratoria, saturación oxigénica anormal, etc, la protección promedio que ofrece esta vacuna es de 66 %. Esto significa que, de las personas vacunadas, únicamente 34 % en promedio desarrollaron COVID-19 de moderado a grave. Hablamos de promedio porque la protección fue diferente en las distintas regiones donde se realizó el estudio: 72 % en Estados Unidos, 66% en América Latina y 57 % en Sudáfrica. Lo cual tiene que ver con factores como la prevalencia de ciertas enfermedades en cada región, por ejemplo, diabetes e hipertensión.
4) En cuanto a los efectos adversos, la tasa de fiebre fue de 9% y únicamente el 0.2 % del total de los participantes presentaron fiebre grado 3 (temperatura de 39-40 °C). No se observaron reacciones alérgicas graves.
5) Los participantes del estudio recibieron una sola dosis de la vacuna y eso fue suficiente para obtener la protección mencionada.
6) La formulación permanece estable al menos 3 meses a temperaturas de 2-8 °C y se calcula que podría mantenerse hasta dos años a -20 °C.

Con esto nos podemos dar cuenta de que recibir una vacuna no es garantía de desarrollar anticuerpos, (el 4% de los participantes de la fase 1-2 de Janssen no los desarrolló) y que aun después de la seroconversión podría suceder que dichos anticuerpos no fueran capaces de evitar la infección (en 12% de los participantes de esa misma fase no se detectaron anticuerpos neutralizantes). Además, con los datos de la fase 3 se hace evidente que hasta después del día 28 posterior a la aplicación es cuando podemos tener la seguridad de que no moriremos si llegamos a infectarnos, lo cual aún es posible ya que la protección de la que habla el punto 1 se refiere únicamente al desarrollo de COVID-19 moderado a grave, no a que no se pueda contraer la enfermedad del todo. Esto significa que podríamos ser incluso portadores sanos (asintomáticos) y posiblemente tener la capacidad de infectar a otras personas.
Esto no quiere decir que la vacuna de Janssen sea ineficaz, ninguna de las vacunas contra la COVID-19 es capaz de proteger del contagio al 100% de las personas que la reciben, y ninguna protege inmediatamente después de aplicarse.
Lo normal es que al cuerpo le tome tiempo desarrollar anticuerpos y glóbulos blancos capaces de combatir a los virus. Por todas estas razones es necesario continuar con medidas como el uso de cubrebocas, higiene de manos y distanciamiento social inclusive después de vacunarnos y al menos hasta que los contagios, hospitalizaciones y muertes a causa del SARS-CoV-2 disminuyan hasta el punto en que el sistema de salud ya no se encuentre saturado.

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