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Obras literarias que se hicieron para llorar a gusto

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Llorar siempre es benéfico. Dejar que las lágrimas salgan de nuestro cuerpo sana, ayuda. No importa que no sea por una experiencia propia o por una dolencia personal; en este caso, conmover las emociones a partir de una situación ajena es igual de urgente o relevante que sentir terror ante una película Serie B o confort al escuchar una música tranquila. En determinadas circunstancias, el cuerpo y el corazón exigen estar frente a un cúmulo de estímulos que nos recuerden lo que significa estar aquí, estar vivos. Por lo tanto, llorar porque sí, de una manera agradable y satisfactoria, no es raro en nuestros días. O no debería serlo.

“Leer un libro que facilite el llanto es, entonces, encontrar un instrumento que sepa verdaderamente los secretos y la transmutación de los mensajes”.

El llanto no siempre significa la misma cosa; limitar sus razones y sus fines a un solo tipo de dolor o una sola especie de alegría es una reducción innecesaria. Si nunca hay un mismo “yo” que llora, nunca hay un análogo “quién” que estuvo al borde de las lágrimas, tampoco hay un solo tipo de sollozo y ¿qué nos hace pensar que los destinatarios o los motivos de su aparición deben estar siempre fijos? Llorar puede usarse para impresionar a alguien –incluso a nosotros mismos–, para ejercer presión sobre el cuerpo, sobre el alma, para exponer de lo que se está hecho, probar que ningún sentimiento es ajeno ni es una ilusión, para aliviar lo que ocurre en el interior.

“La historia interminable” (1979), Michael Ende

Una novela que, a pesar de haber sido calificada como un nuevo clásico de la literatura juvenil, siempre fue defendida por Ende como un texto que se extiende más allá de la mera narración para convertirse en una crítica. Por ejemplo, según el autor, ésta expresa el deseo de encontrar la realidad que nos rodea al recorrer el camino inverso, es decir, la parte interna de cada uno que reside en su imaginación; así, este libro nos aporta más de una oportunidad para reflexionar sobre lo transcurrido y sacar una que otra lágrima.

“Los siete años de abundancia” (2013), Etgar Keret

Este libro retrata la vida de Etgar Keret, quien, a lo largo de siete años, narra desde el nacimiento de su hijo hasta la muerte de su padre; familia, carrera, tragedias, ironías y demás elementos componen el eje central de un texto que puede generar más de un reflejo en nuestro entendimiento, orillándonos a una identificación sollozante con algunos capítulos introspectivos.

“Mal de amores” (1995), Ángeles Mastretta

Con una narración situada en el estrepitoso México prerrevolucionario de finales del siglo XIX, Emilia Sauri crece en el seno de una familia liberal. Durante su infancia, transcurrida entre conversaciones políticas, posiciones sociales, creencias sobrenaturales, infusiones y remedios naturales, tiene la fortuna de aprender el mundo de quienes viven con ingenio, avidez y entereza. Esa mujer, durante la lectura, se convierte en un “yo” acompañante, capaz de mover lágrimas en todo sentido.

“Jane Eyre” (1847), Charlotte Brontë

Jane, dueña de un singular temperamento desde su peculiar infancia de huérfana, primero a cargo de una tía poco cariñosa y después en la escuela Lowood, logra el puesto de institutriz en Thornfield Hall para educar a la hija de su nefasto dueño, el señor Rochester. Poco a poco, el amor teje su red entre ellos, pero la casa y la vida de Rochester guardan un estremecedor y terrible misterio, recordándonos por qué las lágrimas nunca están de más.

“Esta historia” (2005), Alessandro Baricco

El relato se centra en Ultimo Parri, quien tiene cinco años la primera vez que ve un automóvil y veinticinco cuando conoce al gran amor de su vida. Con ese suceso como eje central para una y varias decisiones en su vida, el protagonista nos regala un retrato de su constante ansia por vivir. És la bella y dramática historia de la difícil consecución de un sueño más allá de la razón.

“Del amor y otros demonios” (1994), Gabriel García Márquez

Aunque suene extraño, el título de este libro retrata exactamente todo eso que debemos esperar del texto; la historia toma por protagonista a una niña que experimenta los terrores de una supuesta preocupación en todos los sentidos: los afectivos y los espirituales, posicionándola presa de creencias absurdas y sentimientos trágicos con los que muchos nos podemos identificar.

Vía: Cultura colectiva

Sobre el Autor

Redacción Métrica Social MX